Gerard Sanmartí y Anna Mercader

“Se trata de intentar provocar estos “accidentes” que te permiten aprender. Hay que estirar los límites para poner en tensión las cosas.”

Manteniéndose siempre en el filo de la innovación y la comprensión, sin encasillarse o caer en un estilo premeditado, hoy nos adentramos en el estudio Lagranja, capitaneado por Gerard Sanmartí y Gabriele Schiavon, para que nos descubran su mundo en persona y conocer de primera mano de dónde sale la magia de su trabajo.

Empecemos por el principio, ¿por qué “Lagranja”?

“Por una sencilla razón, el primer estudio estaba en la calle “La Granja” y de tanto decir quedamos en La Granja se acabó instaurando el nombre. También, si desde un principio te viene incorporado un nombre con el que no tienes ninguna afinidad, al final lo rechazas pero a nosotros nos hacían gracia sus connotaciones y nos sentíamos muy a gusto con el tema del “farmer” que es la antítesis del diseño, que sería lo más estirado, no? Es mucho más cercano, informal, espontáneo, de currante y nosotros estos valores los tenemos muy metidos dentro y asumimos el nombre como nuestro.”

Y os acompaña mucho en vuestra forma de comunicar este nombre, ¿no?

“La verdad es que estas cosas no vienen premeditadas pero yo creo que las personas se hacen en función del lugar donde viven, las amistades que tienen…son conocimientos empíricos que nos rodean y los absorbes. El nombre ha sido una experiencia igual. Lo hemos incorporado de una forma totalmente casual y al final luego un amigo nos regaló una gallina, hemos hecho una sesión de fotos en una granja, etc. y nos lo pasamos bien así. Es anecdótico pero nos hace gracia y nos lo pasamos bien así.”

¿Cómo es Lagranja como equipo?

«Aquí al final somos un equipo muy transversal liderado por Gabriele y yo (Gerard Sanmartí), que somos los fundadores, pero en seguida vimos que no teníamos que polarizar mucho al equipo. Partimos de una estructura muy global y así llevamos 18 años ya. En el primero o el segundo año se incorporaron María y José; María con un perfil de producto, de diseño industrial y José tiene un perfil más de arquitectura. Y a partir de aquí, se ha ido vertebrando nuestra actividad que es el diseño de espacio, que es interiorismo básicamente y el diseño de producto que nutre estos proyectos de espacio, que casi siempre es para nuestros propios diseños pero intentamos trabajar para muchas otras empresas para no quedarnos encerrados en nosotros mismos.”

¿Qué es lo que más te gusta de Lagranja?

“Esto es una muy buena pregunta pero muy difícil de contestar porque es un poco presumida…Lo que más me enorgullece es que hacemos lo que realmente nos gusta y apasiona y que estamos orgullosos de cada uno de los proyectos que hemos llevado a cabo y poder decir esto, a día de hoy, es una suerte. Hay que hacer un balance entre la calidad de lo que tu te sientes cómodo haciendo, con las necesidades y obligaciones que hay que cumplir para que todo esto funcione. Esto cada vez es más difícil de conseguir porque el equipo crece, hay proyectos más grandes, más diversificados y todo se magnifica pero, de momento y a pesar de la complejidad, tenemos el equilibrio bien acotado .”

«Lo que más me enorgullece es que hacemos lo que realmente nos gusta y apasiona y que estamos orgullosos de cada uno de los proyectos que hemos llevado a cabo y poder decir esto, a día de hoy, es una suerte.»

¿Qué os diferencia de otros despachos? ¿Qué os caracteriza?

“Quizás es esta transversalidad, que nos permite hacer diseño de producto, diseño de interiorismo y algo de arquitectura y además toda esta diversidad, la aplicamos también a un panorama internacional, no solo local.”

Imagino que en esta diversidad también hay distintas necesidades por parte de las personas por quienes hacéis vuestros edificios. ¿Cómo las investigáis y cómo aportáis valor a vuestros clientes?

“Hasta ahora lo hemos hecho de forma intuitiva 100% pero ha llegado un momento en que, a veces, nuestra intuición nos ha fallado y no hemos ganado algún proyecto que era un concurso porque nuestra intuición estaba más enfocada a la parte creativa y nos hemos dado cuenta que éste no es el único punto de vista que hay que tener en cuenta en los proyectos sino que hay que incluir también una visión más de negocio, de marketing y empatizar un poco más con el cliente en general. Esto nos ha obligado a pedir ayuda externa que nos de un punto de vista más completo.”

¿Cuál es vuestro proceso de inspiración? Cómo se crea un proyecto en Lagranja?

“Esta pregunta me la han hecho muchas veces pero es muy difícil de contestar porque no hay una respuesta clara. Hay que tener los ojos abiertos, escuchar, leer, ver, viajar…todo esto va configurando a las personas a las que luego les das un altavoz y te dicen lo que creen oportuno en función de lo vivido. Es un proceso impredictible, no hay una fórmula única que sea la clave, habrá temporadas de mayor creatividad y otras con más crisis, dependiendo de cada uno y los factores externos que le influyan en cada momento.”

¿Cuando llega la inspiración, después cómo la mantenéis o trabajáis?

“Aunque podamos tener, según para quien, una apariencia un poco loca e informal asociada al divertimento, somos muy germánicos, rigurosos y perfeccionistas para cumplir los plazos y cuidando siempre que los límites de calidad estén bien. Trabajamos mucho y tenemos una organización interna muy disciplinada que nos permite ser eficientes sin que la gente vaya muy estresada.”

“Aunque podamos tener, según para quien, una apariencia un poco loca e informal asociada al divertimento, somos muy germánicos, rigurosos y perfeccionistas para cumplir los plazos y cuidando siempre que los límites de calidad estén bien.»

¿Cómo lográis esta organización? ¿Seguís algún proceso…?

“Es verdad que María y Jorge, que son quienes más lideran del estudio dentro de la organización, son muy disciplinados, entonces en este sentido vamos muy tranquilos.”

Hablemos del Proyecto Terramar. ¿Cómo nace?

“HI Partners, que es la compañía que compró el hotel Terramar en Sitges, nos llamó para reformarlo. Fue un proyecto muy complejo porque era de una envergadura muy grande y con una carga histórica importante, es decir, no es un hotel cualquiera sinó que en Sitges tiene mucha representatividad; es un icono y era un gran reto para nosotros. Había que darle una segunda vida a un hotel de los años 30 que estaba totalmente deteriorado y olvidado y fue una oportunidad muy bonita para nosotros.»

¿Cómo lo enfocasteis?

“Yo creo que de una forma muy natural, teniendo en cuenta su carga histórica. Era un edificio con un valor y unas raíces en el lugar muy importantes y había que actualizar su discurso y adaptarlo a la realidad del siglo XXI. Se trata de un edificio que tiene distintas capas; la primera no estaba borrada, está dentro del propio edificio y HI Partners nos llamó para recuperarla. Es un proyecto ecléctico pero lo basamos en la tradición mediterránea que nos ayudó a tirarlo adelante.”

Entonces por un lado ha habido este gran reto de interpretar la historia…Y esa cultura mediterránea de la que nos hablabas, ¿cómo ha entrado en el proyecto?

“Bueno…cuando haces un hotel, siempre lo digo que es muy complejo porque tienes dos clientes: uno es la propiedad y el otro el operador. En este sentido alinear los dos puntos de vista, no es fácil y también tienes el condicionante del edificio que tampoco lo es…al final optamos por una solución salomónica que podía gustar a todo el mundo, utilizando elementos como la tradición, la artesanía y lo local de una forma vanguardista.”

Hay piezas muy especiales en este edificio, ¿verdad? Cuéntame alguna anécdota sobre alguna de ellas y de cómo nació.

“A nosotros nos gusta esta parte de jugar y experimentar con los materiales y en un momento dado, nosotros en casa tenemos un olivo, cogimos algunas olivas, las pusimos en unas bolsas al vacío y las congelamos para luego comérnoslas. Cuando saqué el sobre de las aceitunas congeladas, las puse a contraluz y vi que aquello era muy bonito y pensé que con esto había que hacer alguna cosa, pero no sabía el qué. A partir de aquí mi mujer me enseñó unas canicas que guardaba de cuando era pequeña y pensé por qué no hacemos lo mismo que con las olivas. Las pusimos en una bolsa de plástico al vacío y las puse a contraluz y nos gustó tanto que acabamos incorporando aquél elemento tan simpático, que vino de una forma totalmente fortuita y espontánea, en la recepción del hotel.”

¿Qué papel han tenido los materiales en este proyecto?

“!Hombre…clave, crucial! Pero como cualquier proyecto eh…los materiales al final son el ADN del proyecto, le dan personalidad y vida al proyecto. Si los materiales son débiles, el proyecto no se sostiene en absoluto.”

¿En qué momento empezáis a pensar en ellos?

“Desde el minuto uno, siempre. Aunque a veces tu lo enfocas de una forma y luego hay que modificarlos, dependiendo del feedback del cliente y de las necesidades que van surgiendo. Casi nunca puedes hacer lo que te da la gana, es una selección de condicionantes ya que te tienes que adaptar a mil variantes y circunstancias.”

¿Qué os ayuda o dificulta en estas elecciones?

“Cuantas más opciones tengas, mucho mejor. Si tienes claro qué tipo de material quieres, puedes empezar a acotar según sus características, lo que necesitas y los condicionantes que sean. Intentamos buscar soluciones imaginativas, es decir, muchas veces el material puede ser la historia y otras puede acompañar a la historia y nosotros intentamos que los materiales tengan una carga narrativa más que solo decorativa.”

¿Y en qué consiste esta carga narrativa?

“Bueno, en el proyecto del Terramar, por ejemplo, va relacionado con la artesanía, con las distintas formas de manipulación, de aplicación, etc. Cambiando de contexto los materiales, estos pueden coger otra dimensión y hay materiales que se innovan y otros que se reinterpretan. Al final es el conjunto lo que se entiende como algo original y genuino, el puzle final y no las piezas por separado.”

Bueno Anna, uno de los proyectos que llevasteis a cabo y que nos ha llamado particularmente la atención es el Hotel Terramar en Sitges y nos han contado que estuviste especialmente implicada en su desarrollo. ¿Qué destacarías de este proyecto?

“Lo que más nos llamó la atención de este proyecto desde el inicio fue la frescura y la libertad de creación que nos permitía, rompiendo esquemas establecidos, aplicando y adaptando nuestra forma de pensar y de hacer, recuperando ideas mediterraneas.”

Y esta frescura y libertad que habéis encontrado trabajado en este proyecto, ¿en qué crees que se ve especialmente?

“Yo creo que el proyecto está lleno de tics o guiños muy personales. El poder tratar materiales autóctonos, muy sencillos y habituales de formas distintas. Lo hicimos con el mimbre de las columnas, unos jarrones de barro que los convertimos en mamparas…un poco todo esto es lo que intentamos transmitir, coger un material que es muy usual para nosotros dentro de nuestra estética mediterránea y aplicarlo de un modo distinto, reinterpretarlo y darle una nueva vida o look mucho más actual.”

En este proyecto hay muchos materiales y cada uno evoca sensaciones diferentes, como el mostrador hecho con canicas, por ejemplo. Si no me equivoco también hay un biombo muy especial hecho con cerámica. ¿Qué pretendíais con él?

“Bueno, siempre está atado al discurso de los materiales cercanos, de la tierra. Parte del proceso de fabricación de este biombo fue desarrollar una idea, materializarla en bocetos, ir al taller del artesano, trabajarlo con él, explicarle lo que queríamos, etc. Nosotros siempre partimos de una idea, no es un diseño abstracto que luego desarrollan otros, nos gusta estar en todo el proceso.”

¿Qué es lo que más te ha enamorado de este proyecto?

“A mí creo que lo que más me gusta, quizás porque es un hotel con unos espacios muy abiertos, creo que lo más interesante es pasearse porque es como un pequeño museo. Te vas encontrando con distintos elementos muy especiales y distintos con un punto de sorpresa y de frescura como el mostrador de canicas, las columnas, los peces en las paredes, etc.”

¿Qué habéis aprendido con esta experiencia?

“Para nosotros fue interesante porque fue un proyecto muy grande, en colaboración con muchos equipos y también, esta interrelación, que para nosotros era un poco novedosa, nos aportó muchísimo. El hecho de tener que compartir el proyecto con otros equipos, compartir problemáticas, resolverlas juntos…creo que fue muy enriquecedor.”

Cuando teníais que tomar una decisión, ¿era el cliente la persona a la que teníais en mente? ¿Para quién estabais dibujando?

“Bueno obviamente nosotros al dibujar siempre tenemos en mente al cliente final, que es quién tendrá la experiencia. Tenemos un briefing y un programa que cumplir pero esto también nos sirve como guía para después poder separarnos un poco y poder interpretar y proponer cosas nuevas. Es interesante el hecho de poder aportar cosas nuevas a ese guión.”

¿Hay alguna cosa que harías diferente?

“No lo sé…yo creo que cada proyecto es una evolución. Tu empiezas con unos planos, con un diseño y conforme se va desarrollando la obra van cambiando cosas. Creo que está bien que haya esa flexibilidad y que también te vayas adaptando a las realidades que te vas encontrando por el camino y a las necesidades que surgen a lo largo del proceso.”

Volviendo a ti Gerard, Lagranja ya tiene un buen recorrido…18 años como nos contabas antes, en los que habéis pasado de ser dos personas en la Calle La Granja a trasladaros aquí, transformándoos en un equipo más grande. Empezásteis trabajando primero de forma más local en Cataluña y ahora estáis presentes ya en 10 países y tres continentes…¿Dónde crees que estaréis en cinco años?

“Yo espero no estar en muchos más sitios sino hacer menos y mejor. Estamos en ello, de hecho, el equipo está creciendo para que especialmente Gabriele y yo tengamos más distancia con las cosas y las veamos más claras. Cuando tu estás muy metido falta perspectiva para ver cosas que realmente son importantes. En este sentido, para nosotros la creatividad es lo más importante que es desde donde se sostiene todo, no? Entonces si no lo somos suficientemente, algo falla y hay que seguir alimentando esta energía para que esto no decaiga y dedicarnos exclusivamente a esto. Para mí el futuro va por allí, delegar más y mejor y focalizar tu atención en las cosas que crees que son importantes.”

“Yo espero no estar en muchos más sitios sino hacer menos y mejor. Estamos en ello, de hecho, el equipo está creciendo para que especialmente Gabriele y yo tengamos más distancia con las cosas y las veamos más claras.

¿Y en qué tipo de proyectos os veis en el futuro?

“Yo espero seguir con la misma línea de multidisciplinariedad porque es lo que nos da vidilla, simplemente hay que rodearse de gente que te pueda enseñar cosas interesantes y hacer crecer al equipo de forma inteligente.”

Dicen que el mundo está cambiando, que ya lo ha hecho mucho en los últimos diez años y que el ritmo de  cambio va a ser cada vez superior, ¿cómo crees que esto puede afectar a vuestra forma de trabajar?

“Bueno el cambio es constante en todo. Estamos metidos en un mundillo donde las tendencias mandan mucho y este es un tema que, tanto Gabri como yo, observamos bastante desde el margen. Lo que nos interesa es trabajar al margen de las modas manteniendo nuestra propia línea y voz, que es más sobria, resistente o fuera de tendencias. A pesar de que los tiempos estén cambiando contínuamente, con cosas más y menos interesantes, nos agarramos a aquellas que lo son más, como la impresión 3D, pero la creatividad en estado más elemental también está en auge, la ilustración está mucho más valorada que hace diez años y sin utilizar la tecnología para nada así que al final es la calidad de las cosas lo que hace que se sostengan por sí solas.”

¡Muchas gracias a la granja por compartir con nosotros vuestras experiencias, ideales e inquietudes, es un placer conocer mejor vuestra manera de trabajar y vivir la profesión!