Fabrizio Barozzi

“El crecimiento de la inclusividad en los procesos de los proyectos puede convertirse en un arma de doble filo si no se tienen claros los límites.”

Fundado en 2004 por Fabrizio Barozzi y Alberto Veiga, el despacho italo-español se ha hecho un hueco en el sector de la arquitectura destacando por un estilo muy personal, su enfoque intelectual del diseño y sus soluciones equilibradas, priorizando una constante atención a la investigación arquitectónica. 

Barozzi Veiga ya tiene una trayectoria importante y muchos reconocimientos internacionales y de nivel. Nos gustaría saber qué caracteriza vuestra arquitectura. ¿Qué crees que os hace destacar o te gusta más de vuestra manera de hacer?

“La gran mayoría de nuestros trabajos son encargos de ámbito cultural, público, cívico…y creo que esto ha marcado nuestra forma de hacer las cosas. Yo creo que si hay algo que caracteriza nuestro trabajo es que todo edificio intenta o aspira a ser construido como un espacio cívico relacionado con la ciudad, una arquitectura que pueda entrar en continuidad con lo que tiene, lo que encuentra y descubrir un escenario nuevo dentro de esta posible realidad. Aparte de esto creo que también, lo que siempre intentamos hacer es trabajar con la unicidad de las cosas. Es lo que nos gusta hacer. Hay una cierta continuidad en todos los proyectos que hacemos pero está bastante difuminada porque entendemos cada uno de ellos como un elemento para realzar las cosas que identifican un lugar o realidad. Siempre intentamos trabajar con lo específico, con lo único, con lo que es diferente en cada sitio y dar una respuesta coherente a esta especificidad y creo que esto es lo que marca de un modo bastante claro lo que hacemos.”

Realmente se ve que vuestra arquitectura dialoga mucho con el contexto e incluso con la historia de un sitio. Aún así tiene formas muy peculiares y únicas. ¿Cómo funciona esta dialéctica entre interpretar el lugar y crear un objeto que lo marque?

“Esto va un poco en línea con lo que decía antes porque intentamos siempre ser muy respetuosos y trabajar en continuidad con lo que tenemos, con lo cual siempre hay una relación contextual. Lo que pretendemos es que una arquitectura o un proyecto sea capaz de completar algo pero también de descubrir el nuevo paso de una historia. Especialmente cuando el edificio tiene un programa más cívico, siempre nos interesa que esta presencia pública de algún modo se refleje también en la arquitectura. Por esto siempre jugamos con esta dicotomía entre pertenecer a un sitio pero, a la vez, casi trabajar en oposición a él; buscamos este equilibrio. Nos gusta una arquitectura que pueda ser leída en un subcontexto de una forma extremadamente natural, casi espontánea; por eso, nunca hemos trabajado sólo con un material preestablecido, sino que buscamos elementos que sean capaces de intensificar, de una forma sensorial, la idea proyectual y la relación íntima con el lugar.”

Muchos edificios son casi monomatéricos, al menos desde fuera. El material y la forma se funden en una sola cosa por lo que cada uno de ellos adquiere un protagonismo importante en vuestra ideación…

“Efectivamente, la gran mayoría no son exactamente monomatéricos pero se acercan. El proyecto de arquitectura se resuelve casi siempre con pocas cosas. Son proyectos muy directos y sencillos en realidad, buscando siempre resolver la complejidad con sencillez y esto yo creo que se refleja un poco en la arquitectura, en su forma y material. Intentamos también reducir cuanto más el abanico de materiales que utilizamos para conseguir una arquitectura muy escueta y con una austeridad voluntaria.”

¿Cómo encontráis en el mercado aquellos materiales capaces de expresar lo que tenéis en mente?

“Bueno yo creo que cada proyecto es una historia aparte. Es decir, la reflexión sobre el material para nosotros empieza ya en las primerísimas fases del proyecto. Hay varios caminos para llegar a la idea de cómo trabajar materialmente el proyecto, a veces, dependiendo del proyecto, el material aparece de una forma muy clara y definida desde el principio porque ya expresa una determinada intención proyectual y otras veces, el material es algo que se madura y se conforma poco a poco según lo que quieras contar con el proyecto. Siempre son procesos muy dilatados que pasan por muchas fases y es bonito ver cuando al final encuentras algo que es capaz de solventar toda esta problemática.”

¿Cómo encontráis, dentro de una extensa oferta de materiales, aquellos que mejor pueden responder a vuestras necesidades? ¿Tenéis personas dentro del despacho que se encargan específicamente de este tema?

“Algo importante para nosotros es que nunca hemos delegado ninguna parte del proceso de proyecto, siempre lo hemos desarrollado todo aquí en la oficina y esto te permite tener un control de la obra (e incluso de la materialización del edificio) importante; así, todas las decisiones pueden madurar y desarrollarse gradualmente. En realidad no es que tengamos un procedimiento estandarizado para buscar estos materiales. Casi siempre lo hacemos mediante referencias, visitando los proyectos en concreto con los materiales que creémos que nos pueden interesar y después entendiendo efectivamente, cómo nosotros queremos utilizarlos en nuestro proyecto. Es siempre un trabajo bastante interno y nunca hemos exteriorizado estas decisiones. En encargos privados podemos escoger directamente lo que nos interesa mientras que en encargos públicos, el control de la materialización del edificio a veces es mucho más complicado.”

Me gustaría volver a un tema que hemos tocado al principio que es el cómo vosotros exploráis el significado que tiene que tener un edificio en un contexto y en base a esto después enfocáis el proyecto. ¿Cómo entendéis cual es el camino de cada proyecto?

“Lo que es realmente importante para nosotros es identificar claramente cuál va a ser la utilización y la tonalidad justa que se le va a dar al proyecto o cuál es el carácter que tiene que tener un edificio. A veces, hay edificios que sencillamente necesitan arreglar una determinada situación. Estos son proyectos de una naturaleza muy pragmática que necesitan un determinado tono y, otras veces, hay edificios donde su pretensión es que se puedan entender como un catalizador social. Cada proyecto tiene un programa y voluntad distinta por parte del cliente que lo lleva y nosotros siempre intentamos trabajar mucho con ellos para intentar entender realmente cuáles tienen que ser las características y el carácter del edificio.”

Sería interesante saber cómo investigáis este tono que nos comentabas.

“Obviamente depende de la fase del proyecto, pero lo normal es presentar un briefing e intentar interpretar las directrices que se ofrecen para entender cuales son los elementos específicos que quizás después se tienen que ver reflejados en la arquitectura. Los proyectos tienen una especie de programa muy canónico que hace que se puedan asemejar mucho entre ellos pero intentamos buscar aquellos matices que definen la singularidad de cada proyecto y utilizarlos como base para construirlos.”

Si las necesidades de los usuarios finales no coinciden con las del cliente, ¿cómo las exploráis? ¿Cómo conectáis con ellos?

“Bueno este es otro gran tema porque yo diría que en los últimos diez años hemos trabajado con proyectos donde, efectivamente, había un cliente que solía ser una institución pública y después, un usuario que nunca es el que construye. Entonces, yo creo que nuestro trabajo durante las fases de desarrollo muchas veces es actuar de mediadores entre estos dos polos para poner en común sus puntos de vista, que en muchas ocasiones suelen ser distintos, y encontrar la mejor solución para ellos y el proyecto.”

Cuando tenéis que dar respuesta a las necesidades de una comunidad, como pasa en proyectos tan grandes como museos o escuelas donde hay un gran nombre de perfiles de usuarios, ¿cómo hacéis para tenerlos a todos en cuenta?

“Depende un poco del tipo de proyecto pero por cuestiones casi logísticas, casi siempre hay unas personas que intentan canalizar y filtrar todas las necesidades y transmitírnoslas de una forma lógica, como podría ser el director de una escuela, por ejemplo.”

Ahora nos gustaría que nos contaras un poco sobre vuestra experiencia con el proyecto Ribera del Duero. ¿Cómo nació y cómo se ha convertido en el edificio que es ahora?

“Bueno la Sede del Consejo Regulador del Ribera del Duero, es un proyecto al que le tenemos mucho cariño y que fue muy importante para nosotros porque nos dió muchas satisfacciones, un poco de visibilidad como estudio y creo que también porque en aquel entonces, y quizás de una forma inconsciente, definió y marcó un poco nuestra línea de trabajar. Esto fue un concurso abierto, hace bastantes años, y tuvimos la suerte de poder ganarlo y llevarlo a cabo en un tiempo relativamente razonable. Creo que es un proyecto que expresa claramente esta voluntad que tenemos de trabajar con lo específico de un lugar pero también decidir una cierta autonomía formal. Esto define un poco la estrategia conceptual de todos nuestros proyectos, pero por ejemplo, esta vocación pública o cívica de la que hablábamos se expresa de una forma cristalina en este proyecto. Su gran característica es que, en lugar de construir un edificio agregado a la preexistencia, definimos una plaza; un espacio público en el interior del edificio, que de hecho es privado, y esto hace que este proyecto tenga una íntima relación con lo urbano. Es un proyecto que nos ha ayudado mucho a madurar nuestro entendimiento de la arquitectura.”

Has hablado mucho de la relación del contexto urbano con los elementos del paisaje que vienen interpretados y redefinidos a través de los edificios. En este caso, ¿qué pasa dentro del edificio?

“Bueno el edificio en su gran mayoría es un programa de oficinas, tiene una parte de almacenamiento y una parte más institucional con una sala que reúne al consejo que gestiona Ribera del Duero. El interior lo que ha buscado es acomodar este programa de la forma más precisa posible en el sitio. El proyecto responde de una forma muy clara a las necesidades ambientales y programáticas.”

Volvamos ahora al esqueleto interno del despacho. ¿Cómo se organiza Barozzi Veiga? Cómo se cocinan estos proyectos tan poéticos que os caracterizan y cómo ha cambiado vuestra forma de trabajar con el paso de los años?

“Bueno la organización del estudio ha ido evolucionando un poco a lo largo de estos años pero tampoco demasiado. Seguimos siendo un estudio en el cuál Alberto y yo estamos presentes en casi todos los proyectos, no hemos querido conformar una estructura donde el control del proceso pase por diferentes personas. A pesar de ser un despacho con 30 trabajadores, funcionamos como si fuera de 5, ya que la metodología de trabajo es muy parecida. Al final lo que nos gusta es seguir todas las fases del proyecto y 30 personas es el límite que nos permite seguir trabajando con este tipo de organización. Si el despacho creciera más, su estructura y mentalidad de trabajo tendrían que hacer un cambio importante, y puede que esto suceda en un futuro, pero de momento nos sentimos más cómodos con la estructura en la que estamos. Ahora mismo, por ejemplo, estamos viviendo una etapa de proyectos muy americana y para nosotros es un reto descubrir cómo incluir y adaptar a nuestra forma de hacer los inputs que nos aporta el hecho de trabajar en el exterior sin olvidar nuestra propia metodología e ideas de fondo.”

Si tuvieras que imaginarte el despacho dentro de 5 años, ¿dónde crees que estaría?

“Bueno, como decía antes es cierto que en estos años el despacho ha crecido pero tampoco ha habido un cambio de estructura tan radical, de hecho, a pesar de que durante los últimos diez años la mayoría de los proyectos han sido en Suiza, decidimos no abrir allí una oficina y hemos preferido seguir aquí en el estudio, al final es donde más cómodos nos sentimos. Sabemos que en el futuro, la complejidad de los proyectos tal vez nos obligue a abrir una sede en otro país o continente y es posible que en cinco años alomejor sí que tengamos una oficina en Estados Unidos pero creo que en el fondo, la base del estudio seguirá estando aquí.”

Estos últimos diez años se dice que ha habido muchos cambios en la sociedad y que este ritmo de cambio no para de acelerar. ¿Cómo los habéis vivido? ¿De cara al exterior, habéis notado algún cambio que os haya impactado?

“Bueno efectivamente ha habido cambios en la sociedad aunque esta evolución se aprecia y refleja en la arquitectura de forma mucho más lenta que en otros ámbitos. Los cambios principales van ligados a una construcción ecológicamente mucho más sostenible, a una mayor atención sobre el control energético, etc. Hace 15 años la arquitectura tenía que gritar y demostrar que era sostenible como algo especial y actualmente, se propone como una opción desde el primer momento en la concepción de un proyecto. Por otro lado, los procesos de los proyectos públicos o de carácter social son cada vez más inclusivos con el fin de dar respuesta a cuantos más usuarios posibles. Esto puede ser un arma de doble filo; permite que los proyectos absorban más sensibilidades y se adapten a cada usuario, pero también pueden acabar generando más confusión porque, a veces ,cuando intentas satisfacer a todos puedes llegar a quedarte sin nada.”

Gracias a Barozzi Veiga por abrirnos vuetsras puertas y permitirnos saborear la atmósfera que respira el estudio, en cada rincón se puede percibir la pasión por la arquitectura.